El arte emergente es una categoría
inventada por una red de relaciones donde participan artistas, curadores,
espacios de exposición, instituciones, ferias de arte, medios de prensa,
coleccionistas, mecenas, casas de subastas, fundaciones y empresas para velar
por la permanencia del sistema del arte basado en transacciones comerciales y
especulativas. La mayor fuente de renovación del arte emergente, y los más
vulnerables dentro de este sistema, son las nuevas generaciones de artistas,
mientras que los más beneficiados de este invento son los que se mantienen por
años en espacios de poder, como académicos, teóricos del arte y curadores
consagrados, museos, galerías comerciales, coleccionistas, casas de subastas y
editoriales dedicadas a antologar todo lo “sub”. Mientras más joven se
“descubra” a un artista, más larga será la vida útil del beneficio, más tiempo
habrá para la especulación y las inversiones a largo plazo.
El arte emergente es su novedad, su
renovación y su evolución, sin permitirse detenerse o ser inconstante para con
su creación artística. Siempre encontraremos el término vinculado con artistas
jóvenes, en un culmen de su breve carrera, asociándolo para provocar un
estallido aún más poderoso de esa innata capacidad que se les atribuye para
poseer rentabilidad.
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